Una historia de vida como la de millones, sólo que a la inversaCalificación: Regular Siempre he estado claro que ocasionalmente la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood tiende a inflar algunas producciones. Lamento decirles que El Curioso Caso de Benjamin Button es el nuevo miembro de esta poco honorable lista, aunque no hay que descartarla como un filme por el cual vale la pena pagar los dolarizados precios de las entradas a los cines nicaragüenses.La fría recepción de mi parte nace en el desencanto con este trabajo, dado el alto grado de expectativas que tenía. No era para menos. 13 nominaciones a los Premios Oscar. Dirigida por David Fincher, realizador de unos los mejores thrillers de todos los tiempos (Seven, 1995). Una premisa muy interesante (un hombre nace con las facciones de un anciano y su proceso de crecimiento es un rejuvenecimiento progresivo), un reparto que cuenta con Cate Blanchett, unos cuantos minutos de Tilda Swinton y uno de los mejores actores de la actualidad, menospreciado por la crítica debido a su cara de niño bonito, como es Brad Pitt. Todos estos ingredientes, sin embargo, sirvieron solamente para crear una cinta regular, que no reúne los méritos para ser una de las mejores películas del 2008. Lo más alto que puede llegar es ser un filme más de aquellos no estaríamos interesados en volver a ver, a menos que sea la única opción ante una aburrida programación televisiva de fin de semana. Lo único mágico y fantástico que va encontrar en la cinta se limita a las extrañas circunstancias físicas que rodean el crecimiento de Benjamin Button. Nada más. Aparte de eso, lo único que se verá son dos horas y 40 minutos de la historia normal y regular de cualquier estadounidense que haya vivido en el tiempo recorrido por la cinta. Tan simple como la premisa biológica que rigen la existencia de todo ser vivo: Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Así de sencillo. Hay méritos que no pueden pasar desapercibidos. Taraji P. Henson brilla en la película como la madre adoptiva de Benjamin. Blanchett hace un meritorio esfuerzo en asumir su rol de bailarina que vive la vida despreocupadamente. La cinematografía de la película, a cargo de Claudio Miranda, es toda una joya técnica. Hace mas por la historia del filme que la historia misma. El esfuerzo de Pitt, efectos visuales y maquillaje aparte, por adecuar su tono de voz de acorde a la de un anciano y mantener el acento de Luisiana, es loable. Pero, honestamente hubiese preferido que le reconocieran más su hilarante tonto de “Quémese después de Leerse” (2008), que por esta fábula que no enseña más sobre la vida de lo que se puede aprender en el mensaje en una galleta de la fortuna.
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