El pasivo homenaje a Bond

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El triunfo de Skyfall en las taquillas es un merito de la mercadotecnia. Son los 50 años de James Bond, la franquicia ha sido oxigenada con el vigor de Daniel Craig, y un director oscarizado de alto nivel (Sam Mendes) está detrás de las cámaras. Pero cuando vemos la película en sí, nos damos cuenta que no es mejor de la franquicia (este puesto todavía lo puede ostentar Casino Royale), es un filme pálido en comparación con otras versiones y Craig muestra su peor Bond desde que asumió el cargo.

Sin embargo, no significa que Skyfall sea una película para menospreciar. Rescata uno de los atractivos perdidos de la saga, y es que por primera vez en muchos años, el agente 007 enfrenta a un villano de lujo. Tanto así que es rebasado por éste.

Así es señores. El verdadero héroe de esta cinta no es el agente al servicio secreto de su Majestad, sino su alterego, el agente renegado Silva, encarnado con una genialidad única por Javier Bardem. Su trabaio admite comparaciones con el rol que le dio su Oscar, el del psicópata asesino Anton Chigurh en No Country For Old Men. Tan bueno es que incluso lamentamos que salga casi hasta en el segundo tercio de la cinta.

Mas allá de Bardem, es notorio que Mendes no esta hecho para el Bond del siglo XXI. Sin embargo hay que reconocer el buen tacto que tuvo al plantear guiños a algunos de los mejores clásicos de la franquicia (The Russia with Love, Goldfinger) y apartó a Bond del estilo Jason Bourne que tanta criticas causaron en Quantum of Solace (2008).

Además, puede ser que haya una esperanza en torno a la vigencia del agente secreto mas famoso del mundo. Pese a su débil actuación, Craig sigue estando a nivel de Sean Connery en sus mejores tiempos. El que haya firmado para dos cinta más, y que Ralph Fiennes sea ahora parte integral del proyecto, significan interpretaciones prometedoras. Sin embargo, villanos como Silva no nacen todos los días. Irónicamente, esto es el verdadero peligro mortal al que se enfrenta la sobrevivencia del 007.

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