“Jóvenes tahúres matemáticos”

Calificación: Regular

Una de las cosas que lamento en la vida es no haberle prestado más atención a mis profesores de matemáticas. La ciencia exacta de los números tiene más aplicaciones en la vida diaria que cualquiera de las otras materias que regularmente nos interesan más en nuestra etapa escolar. Más si eres un joven de 21 años, pobre, con una vida simple y muy ágil para definir cálculos en tu cabeza.

Ese es el caso de Ben Campbell (Jim Sturgess), estudiante del Massachussets Institute of Technology (MIT) quien es reclutado por su profesor Mickey Rosa, (Kevin Spacey) por su habilidad para contar cartas. Un don que le facilita ganar en el Blackjack, un juego de naipes bastante popular en la ciudad del pecado.

Como funciona el juego es simple. Pero las diferentes ecuaciones y claves que facilitan que Campbell vencer a los croupier de los mejores casinos de las Vegas no lo son. Hay que reconocer el esfuerzo de la cinta en exponer como funciona la intricada mente de un genio matemático por medio de rápidos flashbacks que nos llevan al salón de clases en el que Campbell aprendió sus trucos. Este es el principal componente de un inicio vigoroso e interesante.

El problema de la película empieza cuando Las Vegas aparece en escena. Adquiere un ritmo lento y se hace predecible a niveles crónicos, pese a estar cimentada en las emociones de un tenso juego de naipes. Pareciera que a medida que aumentan las apuestan, también lo hacen los clichés.

Las escenas terminan siendo inconsecuentes y rutinarias, por lo que llegan a aburrir. Hay bastante pesadez en la manera en que las aristas de la historia son desarrolladas, lo que lleva a la cinta a tener un metraje demasiado extenso para su contenido.

En este empantanamiento salen limpios dos viejos zorros del negocio del cine. Spacey hace un buen trabajo en mostrar esa dualidad profesor cool-apostador oportunista. Pero el personaje más interesante está a cargo del menospreciado Laurence Fishburne como el encargado de seguridad, Cole Williams.

Consciente de que sus tiempos se están acabando ante el avance tecnológico, no dejar de esforzarse por demostrar que los problemas con quien se quiera pasar de listo en su casino, se solucionan mejor a la manera de la vieja escuela.

Claro, ahora hay sus excepciones. Ya no se puede meterles un tiro y enterrarlos en el desierto. Incluso hay que cerciorarse que cuando se le parta la cara a un tahúr avispado, éste no termine con daño cerebral. Pero no por eso Cole dejará de esforzarse en demostrar que el instinto humano y unos buenos golpes, son más efectivos que el mejor software de seguridad.