La inocente caricatura del héroe

Calificación: Regular

La Marvel Estudios tomó como pieza final de su proyecto millonario Los Vengadores a su héroe más emblemático, El Capitán América. Por eso el agregado al título de la película: El Primer Vengador.

Desafortunadamente la cinta sucumbe ante el peso histórico del personaje, y lo vuelve una caricatura digna de proyectarse en los inocentes e infladas piezas noticiosas en los que nuestros abuelos se informaban de lo que sucedía en el mundo.

El Capitán América fue creado en 1941 para patearle el trasero a Hitler y sus nazis en las primeras historietas de la editorial Marvel Comics. Era un instrumento de propaganda para defender aquellos valores que los estadounidenses necesitaban hacer tan suyos en los tiempos aciagos de la II Guerra Mundial.

La cinta trata de reconstruir estos sentimientos y emociones, con mucha ayuda de la tecnología digital. Aquí es donde la cinta pierde su identidad. La fotografía y ambientación de los años 40 es de primera calidad. Incluso el recurso es efectivo cuando los minutos están centrados en el enclenque Steve Roger (Chris Evans), antes de convertirse en el fornido Capitán América. Los milagros de los efectos dotan de toda naturalidad la superpuesta cabeza de Evans en el cuerpo de un delgaducho soldado.

Pero otras escenas están completamente desubicados, como la persecución en las calles de Brooklyn que hace el Capitán América de un agente nazi que acaba de matar al profesor que lo creó. Parecía mas bien una secuencia sacada de cualquiera de las cintas de Spiderman.

Esta es la constante en que se desarrolla la cinta. Los personajes no desarrollan sus potenciales personalidades, porque son constantemente son interrumpidos por alguna ruidosa secuencia de acción.

El director Joe Johnston no puede lograr ese equilibro tan saludable entre acción y tragedia humana que quedó tan bien logrado en otra cinta del género, como lo fue X Men: Primera Generación.

Pero en medio de sus tropiezos, destaca una interesante secuencia que combina bien ironía y nostalgia. Luego de atentado, un funcionario de gobierno estadounidenses le pide Rogers que ayude de la mejor forma en la que el puede. Siendo un caricaturesco personaje que se la pasa cantando y bailando con lindas coristas para promover la venta de bonos de guerra. El ridículo en nombre de la patria. Si Johnston hubiese mantenido ese ácido durante el resto de la cinta, tal vez hubiera sido una película mas interesante. Pero nunca se decidió lo que quiso. Un taquillerazo del montón o nostálgica pieza histórica sobre un viejo superhéroe.

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