“La reina virgen mitificada”

Calificación: Regular

Considero a Meryl Streep la mejor actriz de Hollywood. Sólo ella era capaz de llevar una comedia tan banal como el Diablo viste a la Moda a los Oscares. Sin embargo, el reinado de Streep en algún momento va a eclipsarse, pero su trono no permanecerá vacío mucho tiempo. Cate Blanchett lo ocupará rápido, y lo conservará por un largo periodo.

La Edad de Oro es la continuidad de la cinta Elizabeth, que nos dio la dicha de presentar a a Blanchett como actriz de primer nivel. Filmada en 1998, fue un oscuro trabajo cinematográfico que reflejó la crueldad de las intrigas palaciegas que culminaron con la asunción de la reina Elizabeth al trono de la Inglaterra del siglo XVI.

Diez años después, Blanchett se ha reunido nuevamente con el director Shekhar Kapur para mostrarnos la historia sobre la consolidación del poder de Elizabeth y como llevó a su país ser la principal potencia del mundo.

Igual que su personaje, Blanchett ha madurado, evolucionado y se ha consolidado como una reina actriz. Ha demostrado que puede hacer todo. Ya tiene un Oscar en su repisa por su trabajo en El Aviador (2004). Fue una delicia como villana soviética en la despedida de Indiana Jones. Está lista para ser coronada. Pero, antagónicamente con su estrella, la Edad de Oro no brilla como lo hizo su penumbrosa predecesora de hace diez años.

No vamos a caer a cuestionar las imprecisiones históricas. Dice mi amigo Tomas Stardgarter, profesor de historia y editor jefe de fotografía en LA PRENSA, que tiene más de la que él personalmente puede tolerar.

Como película, Kapur deja mucho que desear en comparación con su primera versión. Mucha de la crudeza de Elizabteth fue sustituida en la Edad de Oro por escenas que parecen sacadas de un melodrama Televisa. Lo peor es la mitificación del personaje a niveles que pareciera una campaña para promover su beatificación. Tome nota de las escenas en la que Elizabeth es víctima de un atentado o se acerca al mar para ver el incendio de unas galeras. Decir más de mi parte puede aguar el momento para aquellos que no tienen el estudio de la historia como una prioridad.

Sin embargo, no pierda la oportunidad de ver a Blanchett superar los cortocircuitos de su director para aprovechar cada toma y explotar en la pantalla, mientras advierte a un embajador español o despoja a la reina virgen de todo su orgullo para suplicar a su favorito por un beso. Streep puede estar tranquila o angustiada, no sé. Lo que si sé es que su trono queda en buenas manos.