“Fantasía bizarra mexicana”

Calificación: Buena

Hellboy (2004) demostró a Hollywood que las visiones particulares de Guillermo del Toro podían hacer dinero. El Laberinto del Fauno (2006) demostró que estas fantasías bizarras del director mexicano podían transmutarse en arte. Hellboy II: Ejército Dorado es el coctel combinado de estos dos trabajos anteriores, ahora que las acciones de Del Toro subieron considerablemente luego que El Laberinto del Fauno lo hiciese el más el premiado del grupo conocido como los “Three Amigos”, junto a los directores aztecas, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñarritu.

La trama es más simple que cualquier capítulo de una regular serie animada sobre superhéroes. Una tregua entre el mundo de los seres mágicos y los humanos fue rota por un ambicioso príncipe. Hellboy (Ron Perlman), junto con su novia, la piroquinética Liz (Selma Blair) y su tranquilo e impasible colega anfibio Abe Sapien (Doug Jones), todos miembros de un equipo élite de fenómenos de la ultrasecreta Agencia de Investigación y Defensa Paranormal deben detener los ambiciosos planes del príncipe rebelde y bla, bla,bla. Lo de siempre.

Sin embargo, uno se da cuenta de que esta simple trama de lucha entre el bien y el mal será distinta, al reparar que Del Toro visualiza el origen del Ejército Dorado con una original secuencia protagonizada por pequeños muñecos de madera.
Luego, el universo de Del Toro explota. A medida que avanza la película, el director mexicano da rienda suelta a una infinidad de personajes secundarios a cual más fantástico.

Desde que George Lucas deslumbró a los amantes de la ciencia ficción con su amplio repertorio de alienígenas en la saga de la Guerra de las Galaxias (Me refiero a los capítulos de la década de los 80, no a las infumables versiones que nos ha dado desde 1999), no se había visto otro filme que le compitiese en colocar a tantos personajes, tan vistosos e interesantes, aunque sólo estuvieron unos segundos en pantalla. Es el mundo del Laberinto del Fauno, pero a la décima potencia.

Gran parte del filme sucumbe a los poderosos criterios comerciales. Peleas, explosiones, chistes regulares y un poco de melodrama para entretener a las masas. Es el precio que Del Toro debe pagar para que le permitan tantas libertades creativas. El Ejército Dorado no es mejor que el Caballero de la Noche, pero es una versión más interesante que la primera aventura de Hellboy. Del Toro debe considerarse satisfecho. Tan extensa fue la licencia que le dieron, que hasta tuvo chance de disponer su cerveza favorita, mexicana claro, para que dos de sus personajes ahogarán sus penas de amor.